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martes, 24 de febrero de 2009

los negocios del pasado..

A qué se dedicaba el Presidente mientras los que él hoy reivindica luchaban contra la dictadura. El método Martínez de Hoz para acumular 21 propiedades. Su polémica relación con funcionarios del Proceso.

Por Franco Lidner


Los Kirchner no siempre fueron tan “progres”. Hace treinta años, cuando otros “desaparecían” por culpa de la dictadura o debían refugiarse en el extranjero, ellos se fueron de La Plata a Río Gallegos. No tuvieron que esconderse, sino que enseguida empezaron a ganar buen dinero.
Pusieron un estudio de abogados. Y en apenas cinco años, entre 1977 y 1982, lograron la hazaña de multiplicar su patrimonio y de comprar 21 propiedades.
¿Cómo hicieron Néstor y Cristina para prosperar en medio del terror imperante? ¿No era que habían pertenecido a la camada de jóvenes revolucionarios que por esos tiempos se jugaban la vida?
La verdad es tan sombría que el Presidente nunca quiso referirse a ella. Pero resulta necesario saber qué hizo durante la dictadura militar un hombre que se muestra tan obsesionado por reparar las injusticias de esa época.
Cobrador. El joven matrimonio se instaló en Santa Cruz algunos meses después del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Se habían conocido en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de La Plata y llevaban un año de casados.
En la esquina ventosa de 25 de Mayo y Maipú, en el centro de Río Gallegos, abrieron el Estudio Kirchner e incursionaron en un rubro para el que se necesita un estómago fuerte: cobranzas y recupero.
Tan eficiente se mostró Néstor en esos menesteres que los clientes se multiplicaron: entre otros, Automotores de Dios, Casa Sancho, de artículos para el campo, y el comercio de electrodomésticos Bercon.
Cuando algún comprador no pagaba la cuota mensual del artículo adquirido, allí aparecía Kirchner tocando a la puerta de su casa para llevarse el bien en cuestión, con la misma vehemencia con que hoy castiga a opositores, empresarios y periodistas. Pero sus mejores empleadores de entonces eran los bancos Cabildo y Patagónico, y las financieras Sic, de Bahía Blanca, y Finsud.
Cuando empezó a manejar esas cuentas, Kirchner vislumbró las enormes posibilidades que ofrecía la especulación financiera. Eran los tiempos de José Alfredo Martínez de Hoz, el ministro de Economía de la dictadura que hoy es satanizado por el Presidente.
Pero allá por 1977, cuando Martínez de Hoz liberó la tasa de interés, sin saberlo le hizo un gran favor al abogado Kirchner. Las disposiciones del ministro permitían indexar las deudas de dinero según la inflación.
El golpe de gracia para los deudores llegó con la circular 1050 del Banco Central en 1980, que terminó hundiendo a miles de ahorristas (ver recuadro). Como la inflación llegaba al 100 por ciento anual, las cuotas mensuales –indexadas según esa cifra– les resultaban imposibles de pagar a muchos deudores, a quienes en consecuencia se les remataban las propiedades dadas en garantía.
En ese contexto de desgracia ajena, el abogado Kirchner compró 21 de los inmuebles que hoy relucen en su impresionante declaración jurada: una en el ’77, cinco en el ’78, cuatro en el ’79, tres en el ’80, cinco en el ’81 y tres en el ’82, por un total actual de 227.702 pesos de valor fiscal, aunque no real.
¿Cómo hizo? La clave está en su asesoramiento legal a la financiera Finsud, lo cual le permitía contar con información privilegiada sobre quiénes dejaban de pagar sus cuotas.
Varias fuentes que frecuentaban a Kirchner por esos años, incluso una que colaboró en su estudio, confirman el modus operandi empleado por el abogado para adquirir la gran mayoría de esas propiedades a precios ínfimos. Hablan de unas quince del total de 21, entre casas, departamentos y lotes.
Cuando la financiera le avisaba a Kirchner que algún deudor había dejado de pagar la cuota mensual del crédito que le habían otorgado, él se reunía con el moroso en cuestión y le explicaba sus pocas opciones: podía resignarse a que le remataran la propiedad y así perder casi todo el valor del inmueble, o también podía venderla a un precio bastante menor al que tenía en realidad.
El comprador era el propio Kirchner. De ese modo, el deudor en aprietos al menos se quedaba con algo de dinero. Y el abogado sumaba metros y más metros cuadrados, eludía el trámite del remate y luego renegociaba la deuda del inmueble con sus patrones de Finsud. Era una práctica cuestionable, pero no penada por la legislación provincial de ese entonces.
¿Qué hubiera sido de la actual fortuna de Kirchner sin el esquema financiero implantado por Martínez de Hoz?
Allá por 1980, el joven Néstor iba a ejecutar la casa de una deudora de Finsud que no quiso llegar a un arreglo. La mujer, Ana Victoria, viuda de un diputado provincial, Olaf Aaset, demandó a Kirchner por supuesta subversión económica.

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