viernes, 5 de septiembre de 2008
crece en el país los casos de desnutricion
1. Parece que nada cambió, todo sigue igual. Ver casos de niños desnutridos en nuestro país es patético.No tiene perdón de Dios.
2. Señora Presidente, no estamos bien. Usted lo sabe. El 0,.. del Indec no expresa la realidad.
Historias de los rostros anónimos de las estadísticas
En Ingeniero Budge y en Salta
Por Cynthia Palacios y Evangelina Himitian
De la Redacción de LA NACION - http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1039236
"Estamos en el momento más crítico. Con el frío, los chicos se nos mueren como moscas y acá no hay remedios...", lamenta Victoria, una de las voluntarias del Centro Comunitario Padre Conforti, en Villa Lamadrid, Ingeniero Budge. Conduce a una de las cronistas por este barrio que queda a sólo 30 minutos del Obelisco, pero parece estar enclavado en el siglo pasado. Dice "caen como moscas" porque mueren de tuberculosis, de hambre, de lepra, por infecciones respiratorias. Y sus muertes parecen ser anónimas, por ser tantas y porque los habitantes de la zona se acostumbraron al hecho de que allí la vida valga poco. Alejandra González vive allí. Tiene 12 años y camina con dificultad. Tiene bajo peso, baja talla y dos años de retraso en la escuela. Cuando LA NACION la conoció, hacía una semana que no iba al colegio por estar enferma. Osvaldo Núñez es médico en el barrio desde hace 18 años. "Acá pesan las razones ambientales. Hay muchos problemas respiratorios y de piel por estar en contacto con aguas servidas. Desnutrición también hay. La falta de recursos pega fuerte en esta zona", dice. También en Salta En la otra punta del país, los chicos de Santa Victoria Este, en la provincia de Salta, a 7 kilómetros de la frontera con Bolivia, tienen mucho más en común con aquellos niños de Ingeniero Budge que con sus coetáneos de la capital provincial. También allí mueren a diario. Y los padres asisten a tal realidad con resignación. Hace una semana, un grupo de médicos de la Asociación Cristiana Argentina de Profesionales de la Salud visitó ese paraje olvidado en el norte argentino. Una cronista de LA NACION viajó con ellos. El primer día, Adela Sare, la directora del hospital local (que sólo tiene tres médicos, incluida la directora) se lamentaba. "Qué lástima que no llegaron ayer. Se nos murió un bebe de menos de dos años; estaba desnutrido, tenía bronquiolitis y se nos fue", sollozaba la mujer. Una de las voluntarias del hospital había pasado la tarde anterior luchando por hacerle beber una mamadera con leche maternizada. El bebe la rechazaba una y otra vez, y al final falleció. "No podíamos hacer que la tomara porque el agua acá es salada", cuenta Norma. Falleció pocas horas después. En Santa Victoria, la promesa de llevar agua potable se renueva cada vez que hay elecciones, al menos desde hace 15 años, cuando se desató una epidemia de cólera, pero hasta ahora no se ha concretado. La directora de la escuela de Misión Cañaveral, a 3 kilómetros de Santa Victoria Este, Beatriz Arias, cuenta que a una olla de mate cocido deben ponerle dos kilos de azúcar para que no se sienta salada. "El gusto es lo de menos. Esa agua provoca enfermedades, pero la seguimos usando porque no hay otra", explica. Los médicos de Acaps diagnosticaron entre los chicos casos de sarna, brucelosis, tuberculosis y Chagas, entre otras enfermedades. Melba López tiene 7 años y la encontraron desnutrida. Vive a sólo 3 kilómetros de Santa Victoria Este. Tiene una tuberculosis que, según los médicos, es resistente a tres medicaciones distintas. Toda su familia la padece. Cuando la médica hablaba con la madre, la mujer parecía resignada a lo inevitable. "El abuelo y los tíos murieron de lo mismo", se lamentaba la mujer.
2. Señora Presidente, no estamos bien. Usted lo sabe. El 0,.. del Indec no expresa la realidad.
Historias de los rostros anónimos de las estadísticas
En Ingeniero Budge y en Salta
Por Cynthia Palacios y Evangelina Himitian
De la Redacción de LA NACION - http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1039236
"Estamos en el momento más crítico. Con el frío, los chicos se nos mueren como moscas y acá no hay remedios...", lamenta Victoria, una de las voluntarias del Centro Comunitario Padre Conforti, en Villa Lamadrid, Ingeniero Budge. Conduce a una de las cronistas por este barrio que queda a sólo 30 minutos del Obelisco, pero parece estar enclavado en el siglo pasado. Dice "caen como moscas" porque mueren de tuberculosis, de hambre, de lepra, por infecciones respiratorias. Y sus muertes parecen ser anónimas, por ser tantas y porque los habitantes de la zona se acostumbraron al hecho de que allí la vida valga poco. Alejandra González vive allí. Tiene 12 años y camina con dificultad. Tiene bajo peso, baja talla y dos años de retraso en la escuela. Cuando LA NACION la conoció, hacía una semana que no iba al colegio por estar enferma. Osvaldo Núñez es médico en el barrio desde hace 18 años. "Acá pesan las razones ambientales. Hay muchos problemas respiratorios y de piel por estar en contacto con aguas servidas. Desnutrición también hay. La falta de recursos pega fuerte en esta zona", dice. También en Salta En la otra punta del país, los chicos de Santa Victoria Este, en la provincia de Salta, a 7 kilómetros de la frontera con Bolivia, tienen mucho más en común con aquellos niños de Ingeniero Budge que con sus coetáneos de la capital provincial. También allí mueren a diario. Y los padres asisten a tal realidad con resignación. Hace una semana, un grupo de médicos de la Asociación Cristiana Argentina de Profesionales de la Salud visitó ese paraje olvidado en el norte argentino. Una cronista de LA NACION viajó con ellos. El primer día, Adela Sare, la directora del hospital local (que sólo tiene tres médicos, incluida la directora) se lamentaba. "Qué lástima que no llegaron ayer. Se nos murió un bebe de menos de dos años; estaba desnutrido, tenía bronquiolitis y se nos fue", sollozaba la mujer. Una de las voluntarias del hospital había pasado la tarde anterior luchando por hacerle beber una mamadera con leche maternizada. El bebe la rechazaba una y otra vez, y al final falleció. "No podíamos hacer que la tomara porque el agua acá es salada", cuenta Norma. Falleció pocas horas después. En Santa Victoria, la promesa de llevar agua potable se renueva cada vez que hay elecciones, al menos desde hace 15 años, cuando se desató una epidemia de cólera, pero hasta ahora no se ha concretado. La directora de la escuela de Misión Cañaveral, a 3 kilómetros de Santa Victoria Este, Beatriz Arias, cuenta que a una olla de mate cocido deben ponerle dos kilos de azúcar para que no se sienta salada. "El gusto es lo de menos. Esa agua provoca enfermedades, pero la seguimos usando porque no hay otra", explica. Los médicos de Acaps diagnosticaron entre los chicos casos de sarna, brucelosis, tuberculosis y Chagas, entre otras enfermedades. Melba López tiene 7 años y la encontraron desnutrida. Vive a sólo 3 kilómetros de Santa Victoria Este. Tiene una tuberculosis que, según los médicos, es resistente a tres medicaciones distintas. Toda su familia la padece. Cuando la médica hablaba con la madre, la mujer parecía resignada a lo inevitable. "El abuelo y los tíos murieron de lo mismo", se lamentaba la mujer.
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